ODISEA Revista personal de revistas...





 

Odisea

GILBERTO RENDÓN ORTIZ HOME PAGE 

Derechos Reservados conforme la  ley

D.R. (2008)

 


Bienvenido a Odisea Literatura infantil, sin miedo a los adjetivos. 


Nadie se alarma cuando se habla de novela rosa, cuento policíaco, literatura de ciencia  ficción, literatura de la onda, novela negra y más recientemente de literatura femenina o literatura de mujeres... Inclusive se escriben inteligentes ensayos y discusiones al respecto. En cambio cuando se trata de literatura infantil, no falta quien salte en contra de los adjetivos, pareciera entonces que los sesudos críticos bajaran 20 puntos su Coeficiente Intelectual.

Crítica de libros: Alba Nora Martínez 
Ciencia y espadas en la Nueva España  

    
Ideas para hacer crecer

Suplemento para chicos y grandes          3    Página 4     5
Una raya
  Sección de libros y autores
 Una raya

Libros favoritos
Los tres gordinflones de Yuri Olesha 

Un clásico de la literatura para niños del siglo XX

En el año de 1974 salió a la luz en idioma español el libro de Yuri Olesha Los tres gordinflones, obra que me apuré a adquirir gracias a mis frecuentes visitas, y buenas relaciones, con Servicios Bibliográficos Palomar, que distribuían en México la literatura soviética, y la librería del Instituto de Relaciones de Amistad Mexico URSS. Tenía amplias referencias de esta obra y me aventuré a su lectura con cierta emoción. Ya desde el primer golpe de vista comprendí que estaba ante un fenómeno literario extraordinario. “El doctor Gaspar Arneri tiene un día ocupado” rezaba el primer capítulo. En lo personal ahora podría recitar de memoria toda la primera página, lo cual descubrí hace poco tiempo cuando traté de comenzar una de mis propias historias con la frase “El tiempo de los magos pasó ya”. Me detuve antes de escribirla, me levanté di algunas vueltas y recité el comienzo de la historia, incluyendo, por supuesto, los versos que los chicos dedicaban al buen doctor Gaspar Arneri. Con ello exorcicé la influencia inconciente y la hice conciente y pude modificarla a mi propio estilo. Mi memoria es buena, pero no la entreno para repetir páginas enteras de los libros que me gustan. La explicación es más simple: trabajé durante algunos meses con la obra de Yuri Olesha para adaptarla a la televisión cultural mexicana en el programa infantil Las 400 Tareas del canal 11 de Televisión, como un cuento en episodios ilustrado con maquetas y muñecos vestidos como en las ilustraciones de La gran revolución (francesa) de Kropopkine. Tanto los muñecos como los vestidos fueron obra de mi madre.

Mi personaje favorito es precisamente el sabio doctor Arneri quien, a pesar de vivir muy ocupado, conduce buena parte del hilo argumental por una aventura que comienza ese día agitado en que el pueblo trabajador es reprimido cruelmente por la guardia real de los Tres Gordinflones.

Los propios Tres Gordinflones son una creación estupenda. Si no los conociera de este cuento, los podría inventar ahorita mismo gracias a nuestro Secretario de  Hacienda, el señor Cartens, el personaje más parecido a uno de los tres Gordinflones que he visto en mi vida. Hay un episodio muy divertido que los pinta tal cual son: “Las sorprendentes aventuras de un vendedor de globos”, personaje que vuela por los aires y aterriza sobre el enorme pastel que están acabando de adornar los pasteleritos del reino, justo cuando los Tres Gordinflones exigen que se sirvan los postres. El maestro pastelero no se arredra ante el aterrizaje forzoso y lo que parece un desastre, sino que empieza a cubrir de crema pastelera al infeliz globero que, paralizado de terror sigue sosteniendo los globos en la diestra. Me encanta la escena en la que los gordinflones van a devorar el pastel con todo y globero.

Antes de eso y mientras vuela por los aires, el vendedor de globos pierde sus pantuflas y una de ellas va a dar en la cabeza del maestro de baile Undostres, quien a su vez nos va a conectar con la muñeca del príncipe Tutti. 

El maestro de baile Undostres 
miraba siempre a los pies,  
Y tanto miró al suelo,   
que no vio el infeliz  
la pantufla que del cielo 
fue a posarse en su nariz.

Los chiquillos cantan, dicen estribillos y se burlan de los poderosos, como un recurso literario de Olesha para crear un ambiente e informar de sucesos paralelos sin detenerse en ellos porque hay otras cosas importantes que están pasando y tienen que ver con el armero Próspero condenado al cadalso, con el gimnasta Tibul disfrazado de negro y con Suok, así suavecito, la pequeña artista que sustituye unos días a la muñeca mecánica. “La muñeca tiene excelente apetito”, reza uno de los capítulos.

La acción transcurre en un país imaginario gobernado por tres gordinflones que, metidos en su palacio, no piensan en otra cosa que en comer y divertirse, todo a costillas del pueblo trabajador.

El escritor para niños debe tener sentido del humor y es lo que demuestra Olesha inclusive en los momentos más dramáticos, si bien sus recursos literarios van mucho mas allá de la gracia con la que narra.  No es mi idea hablar de la maestría de Olesha, porque merecería una nota formal; pero en cada página es posible encontrar alguna enseñanza sobre el arte de escribir para niños.

Es un libro no sólo mágico en el sentido de los libros clásicos que hacen soñar y de los que nos enamoramos para siempre, sino, de manera muy sutil es un libro para hacer pensar. Si no ha gozado del reconocimiento en el mundo occidental es por su clara posición ideológica en contra de los explotadores y gordinflones que todo lo engullen y aún quieren más. No hay momento en el libro que traicione a su autor, por el contrario, aún en los nimios detalles, aparece el credo matizado con humor y talento. Me viene a la memoria el momento en que escapa el pobre vendedor y regala los globos a los cocineritos. Imagina, amigo lector, niños trabajando como enanos en la cocina real.

“–¡Globos globitos! –gritaban gozosos los cocineritos. 
Bajaron corriendo de la repostería a un pequeño prado del parque, que se extendía al pie de las ventanas de la repostería. 
Allí, al aire libre, era más divertido jugar con los globos. 
Y de pronto, en las tres ventanas de la repostería aparecieron los tres confiteros. 
–¿Cómo? –exclamó cada uno de ellos con voz tonante– ¿Qué escándalo es éste? ¿A qué viene este desorden? ¡A la cocina ahora mismo! 
Los cocineritos se asustaron tanto con aquellas voces que soltaron los hilitos. 
Se acabó el gozo.
Los veinte globos se elevaron rápidamente hacia el luminoso cielo azul. Y los cocineritos quedaron abajo, sobre la hierba, entre guisantes de olor, abiertas las bocas, echadas atrás las cabezas con sus altos gorros blancos.”

Por este que es un inocente episodio puede el amable lector colegir por qué es un libro ignorado en Occidente. Y sin embargo, a pesar de la invisibilidad de Los tres gordinflones en nuestro medio, es uno de los libros clásicos de la literatura infantil del siglo XX.
Lo llevé a la televisión mexicana en varios capítulos, no recuerdo si los trece del libro o un poco más, pero al terminar la producción del cuento y mientras pasaban al aire los primeros capítulos, a principios de septiembre de 1975, dejé el D.F. para irme a trabajar a la Universidad Autónoma de Sinaloa, de tal suerte que todo el material quedó en manos de mis compañeros de producción. Yo conservo sólo algunas transparencias desechadas de esa adaptación. Fueron desechadas por problemas de foco, de luz, de color o de encuadre, de modo que son difíciles de ver aquí en la red. De todos modos pongo algunas de ellas.

Gordinflones

En esta transparencia aparecen los presentadores del programa Las 400 Tareas, Verónica Palafox y César Brito, quienes animaron el programa durante algunos de los años heroicos de la televisión cultural. El programa, pese a su modestia, hacía gala de imaginación y talento y marcó derroteros en la televisión dedicada a los niños. Tomás Mojarro escribió en una de sus crónicas: “Se necesitan 400 programas como este”.

Gordinflones

En esta transparencia el doctor Gaspar Arneri se dispone, sin quererlo, a tener un día agitado.

Tibul

Tenemos también al gimnasta Tibul cuando aparece en la casa del doctor Arneri. La transparencia fue desechada porque en el momento de la toma, como a cualquier actor novato, se le aflojaron los calzones al gimnasta.

Gordinflones

Finalmente el vendedor de globos es cubierto de crema por los pasteleritos.

 

  



 

 3    Página 4    5




En nuestro próximo número 
¿Y quién diablos es Lucien Biart? 

Tachtli

Yo diría: uno de mis autores favoritos.
Sin embargo, Lucien, o Luciano Biart, don Chano para los cuates, es un perfecto desconocido en México, pese a ser uno de los escritores mexicanos para niños más sobresalientes del siglo XIX. Por poco y le toca fundar la Literatura infantil mexicana.
Lo conocí un día gracias a mis buenas relaciones con Rudyard Kipling, quien tuvo la amabilidad de recomendarme en una de sus obras, un libro de Biart:  Aventuras de un joven naturalista en México, libro que durante muchos años busqué afanosamente. De este libro extraordinario y este gran autor universal ignorado por sus connacionales hablaremos en la próxima entrega. No te la pierdas.
 
 

Una raya

Al tiempo que revisaba estas notas para colocarlas en la página, los gordinflones más gordinflones del país se engullían en un dos por tres  el 10 por ciento de las resevas monetarias de México, algo así como cien mil millones de pesos, lo que demuestra la vigencia de un libro clásico y nos hace soñar en el día en que no haya niños trabajadores que reciban un regaño por haberse puesto a jugar con un globo.

 (c) Copyright Gilberto Rendón Ortiz  2008