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Odisea

GILBERTO RENDÓN ORTIZ HOME PAGE 

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D.R. (2008)

Cefeo
Las Constelaciones estelares  en los diagramas prehispánicos contienen registros astronómicos espectaculares: 26 estrellas en Pléyades, una estrella variable de Cefeo y la Supernova de 1054.

Contenido
1.
Introducción.
2.Las constelaciones.
3.El cielo.
4.El sol y las estrellas.
5.El sol y las estrellas (2).
6.Los dioses.
7.Los dioses (2).
8.Los dioses giratorios.
9.Un paréntesis:
la supernova de 1054.
10. Una historia en las estrellas.
11.Final y Notas bibliográficas.

    

Ideas para hacer crecer

Suplemento para chicos y grandes. 


Ingeniería del juguete    2 Un acróbata japones. 

Kinegramas                      3 El secreto de los dibujos animados lenticulares. 

Literatura infantil       4 Libros favoritos: Los tres gordinflones, de Yuri Olesha.

Crítica de libros:           5 Alba Nora Martínez 
Ciencia y espadas en la Nueva España   

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Odisea
Revista personal de revistas   Año I, No. 1 
Una raya
  EDICIÓN ESPECIAL DE TEMAS DIVERSOS · Una raya
Un drama cosmogónico en el cielo prehispánico

Gilberto Rendón Ortiz

 
La acérrima rivalidad entre los dioses Tezcatlipoca y Quetzalcoatl quedó registrada entre las constelaciones estelares en una región de la mayor importancia para la ordenación de los los fenómenos del cielo y de la tierra: el Polo Norte Celeste. 
 1. Introducción 

 Constelaciones
 

La importancia de las observaciones astronómicas en el México antiguo es una cuestión en la que los americanistas están de acuerdo desde hace mucho tiempo. Grandes observadores del curso de las estrellas, los pueblos mesoamericanos regían su vida civil y religiosa por los fenómenos celestes con un rigor y exactitud incomparable en su época; pero al mismo tiempo, su concepto del cosmos era tan distinto de las ideas que han nutrido a la cultura occidental que, pese al material disponible en la vasta bibliografía de estudios prehispánicos, conocemos muy poco acerca de la verdadera visión del mundo que tenían los pueblos indígenas de México.

Hay gran certeza que la astronomía estaba conectada con la disposición arquitectónica de las ciudades, de donde resulta una característica compartida por las civilizaciones del Nuevo Mundo, el sistema astronómico basado en el horizonte. Estos arreglos celestes permitieron delinear un período en el calendario con notable precisión, pero no se oponen a la existencia de los métodos de la astronomía china, basada en la orientación polar, o del sistema babilónico, basado en la eclíptica. Aveni(1), aunque tímidamente, no descarta la existencia de un zodíaco mesoamericano en los símbolos animales suspendidos de bandas celestes que aparecen en los códices y menciona que algunas sugestiones que proponen que los períodos siderales de los planetas pueden estar registrados en las inscripciones tienden a apoyar el uso del sistema zodiacal. “Haciendo a un lado este caso, asegura Aveni, se ha hecho cada  vez más difícil el encontrar semejanzas entre los sistemas astronómicos básicos del Nuevo y del Viejo Mundo”. Antes de este autor otros investigadores descubrieron las mismas dificultades y propusieron arreglos astronómicos muy especiales. Beyer (2) pensó en un zodíaco ecuatorial y Castañeda y Mendoza(3) sugirieron un sistema de constelaciones circumpolares en torno a la estrella alfa de Camelopardalis, que fue polar hacia el siglo VIII de nuestra era. Muchos de tales intentos se caracterizan por su arbitrariedad y caer de plano en el reino de la imaginería.

De un hecho estamos ciertos: la astronomía-astrología en Mesoamérica se basaba en observaciones sistemáticas y meticulosas de los fenómenos celestes. Las ideas que ordenaban el pensamiento indígena eran distintas a las concepciones que nos han nutrido; pero distintas no significa primitivas. Sin embargo, a menudo se pretende que observadores tan perspicaces como lo fueron mayas, toltecas y aztecas, no pudieron reconocer la realidad objetiva como pudo ser captada incluso por observadores del cielo bastante mediocres del Viejo Mundo. La cronología maya no es obra de bárbaros que imaginaban un cielo plano o burdamente hemisférico. Para escribir las tablas de Venus, con efemérides del planeta con una precisión de una hora en 500 años, no basta la supersticiosa adoración del dios tiempo que se supone en la cultura maya.

El desarrollo científico en cualesquiera etapas de la humanidad, obedece a la suma de dos factores: la necesidad social y la preparación interna de la ciencia. La práctica mueve a la ciencia, pero también sucede que la ciencia impulsa a la práctica de acuerdo a su propia madurez. A juzgar por la compleja cronología de los mayas, la astrología-astronomía en Mesoamérica era una ciencia relativamente madura.

Se inspiraba en conceptos diferentes a los que mueven a la astronomía moderna; perseguía de un modo distinto los mismos propósitos que animaron a los primeros astrónomos de la civilización occidental; pero de esto no puede afirmarse que su distinta concepción los llevara a confundir la estrella polar con una estrella viajera, el cielo hemisférico con un cielo plano, el movimiento giratorio de las estrellas circumpolares en torno del polo norte celeste, con el caos. La realidad objetiva, aún dentro de distintos marcos conceptuales, era la misma para mayas y aztecas que para chinos y egipcios. Cómo la entendían, cómo se la explicaban, sigue siendo un misterio. No por culpa de ellos.

A la destrucción fanática, los conquistadores sumaron su propia interpretación de “las cosas de indios” y su justificación moral de la conquista, dejando enormes lagunas de información y adulterando, ya fuera por ignorancia o tendenciosamente, la mayor parte de lo que ahora constituyen las fuentes primarias de investigación. De ahí que nuestra incomprensión del pensamiento indígena se multiplique con el paso de los siglos y sirva para crear nuevos mitos.

La visión indígena de los cielos nocturnos, al contrario de la visión diurna ampliamente documentada a partir de Seler, nos es por completo desconocida. Una y otra, sin embargo, se complementan para construir una cosmovisión sin cuyas claves es casi imposible comprender el desarrollo de las culturas mesoamericanas.  

Lejos de pretender dar una respuesta a las múltiples interrogantes que enfrenta el estudio de la actividad astronómica en el México Prehispánico en estas notas me limito a llamar la atención del lector acerca de la posible representación astronómica de uno de los dramas cosmogónicos más importantes en Mesoamérica: la acérrima lucha entre los dioses creadores Tezcatlipoca y Quetzalcoatl. Esta rivalidad es uno de los asuntos centrales de la cosmogonía prehispánica y no debe extrañar que se representara entre las constelaciones estelares en una región de la mayor importancia para la ordenación de los fenómenos del cielo y de la tierra: el Polo Norte Celeste.

Continuación 

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El contacto con el autor es posible., pero este no se compromete a responder a toda comunicación a su correo electrónico o a su dirección postal.




Sobre el drama cosmogónico
Esto hace 20 y tantos años 

Arqueoastronomía: Escribí este texto poco después de 1983, con la intención de responder a un artículo publicado en Ciencia Y Desarrollo lleno de disparates sobre la cosmovisión de los pueblos mesoamericanos.
Quedó en el cajón y ahora recién lo rescaté al leer una nota sobre el hallazgo en registros prehispánicos de la supernova de 1054. Lo pasé a la computadora casi sin correcciones y con una frase más sobre dicho hallazgo así como un comentario referido a una página web. (Tal vez en lo viejo falte alguna cita de entrecomillar).
 
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 Sobre Los tres gordinflones, de Yuri Olesha
(Búscalo dentro del suplemento)

Una raya


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